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27 de febrero de 2015

El Montón de Trigo, la singularidad de la cocina casera

La Sierra de Guadarrama esconde entre sus secretos una cuidada y variada gastronomía. Ejemplo de ello es El Montón de Trigo, un pequeño y familiar restaurante donde se demuestra el valor de los platos sencillos.



Cada fin de semana son muchos los excursionistas y montañeros que se acercan a Cercedilla para pasar el día. La Calzada romana, la Bola del Mundo, los Siete Picos o el Montón de Trigo son algunos de sus alicientes. Es precisamente de este monte del que toma el nombre el restaurante que regenta Ramón Jiménez desde 2000, un lugar acogedor y familiar situado en el centro del madrileño pueblo.

Jiménez, que nunca pierde la sonrisa, te invita a pasar a su restaurante, su casa. La carta no es extensa, aunque sí variada. Platos sencillos pero bien elaborados que demuestran que no es necesaria una gran innovación para conseguir una buena cocina.

Los entrantes son uno de los puntos fuertes de El Montón de Trigo y los huevos estrellados, una elección casi obligatoria. El plato, cuya receta guarda celosamente Teresa Sánchez, la jefa de cocina, se sirve solo o acompañado de chistorra, jamón, chorizo o morcilla. Las ensaladas merecen una mención especial, sobre todo las de tomate y la alemana.

Otra de las especialidades de la casa son las tablas variadas. Las hay de patés y de pollo, pero las mejores son la de salchichas y la de carne. Los platos combinados es la menos llamativa de las opciones que ofrece el restaurante por tratarse de una comida, quizá, demasiado corriente.

Sin duda, el plato estrella de El Montón de Trigo son las fondues de carne, preparadas en el momento y servidas con queso y salsas. También son buenas las hamburguesas, siempre con carne de la Sierra, que sirven como sabroso y económico plato único.

La calidad no disminuye a medida que se acerca el final de la comida. Buenos postres, de entre los que sobresalen la fondue de chocolate, la tarta de queso y el sorbete de limón al cava. Buen café e infusiones. 

La carta de vinos es correcta y cuenta, en su mayoría, con etiquetas de la Rioja y Ribera del Duero. Más variada es la de cervezas, muchas de ellas de importación. 


Dirección: Plaza María Mínguez, 8, Cercedilla (Madrid). Cierra lunes, martes y miércoles. Tarjetas: todas.
Precio Medio: 20€                Menú de mediodía: 13,90€
Calificación: 9

19 de enero de 2015

Torta rustica vegetal, plato ligero a la italiana


"-Stasera, signore, però famo una roba leggera… un brodetto, un brodetto veggetale.
-Sì, però col parmiggiano!" 


Son palabras de una escena de “Pranzo de Ferragosto”, una comedia “alla italiana” dirigida por Gianni di Gregorio en 2008. La película, ambientada en el centro de Roma, cuenta la historia de Gianni, un hombre que, durante unos días, convive con cuatro ancianas de fuerte personalidad a las que cuida y alimenta.

Gianni les ofrece a sus huéspedes un plato ligero a base de vegetales en el que, como recalca una de ellas, no debe olvidar el parmiggiano, el queso italiano por excelencia. Son precisamente las verduras y el parmesano los ingredientes principales de esta torta rustica vegetal.

Pero la receta puede ser tan variada como quienes vayan a comerlo y admite todos los ingredientes que se quieran incluir: desde speck, un tipo de jamón ahumado muy consumido en Italia, hasta patatas, espinacas o alcachofas, pasando por todos los tipos de queso o fruta.

En este caso, se ha escogido una torta rustica vegetal con pimiento, calabacín y cebolla. Un buen segundo plato y óptimo para las cenas, que se puede servir templado o frío.


Ingredientes (para 4 personas)

  • Masa de hojaldre
  • 1 pimiento verde
  • 1 calabacín
  • 1/2 cebolla
  • 2 huevos
  • 30 gr. de queso parmesano
  • 50 gr. de mozzarella fresca
  • 6 tomates cherry
  • Aceite
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Agua

Elaboración

Precalienta el horno a 170º. 
Corta las verduras en trozos pequeños. Pon aceite en una sartén y pocha la cebolla. Cuando esté blanda, incorpora el pimiento y, después, el calabacín. Añade un poco de agua, sal y pimienta negra al gusto. 

Mientras se fríen las verduras, bate dos huevos y añádeles el queso parmesano. Mezcla hasta que quede una masa homogénea. Retira las verduras de la sartén y recuerda que deben quedar un poco crudas. Después, desgrásalas.

Corta la mozzarella y los tomates cherry por la mitad. Extiende la masa de hojaldre en una bandeja redonda para horno. Mezcla las verduras con los huevos y el parmesano. Vierte la mezcla sobre la masa de hojaldre. Decóralo con la mozzarella y los tomates. 


Hornéalo durante 18 minutos a 170º, por arriba y por abajo. Después, déjalo en el horno 5 minutos más y a la misma temperatura, pero solo con la parte de arriba encendida. Déjalo enfriar 10 minutos y sirve.



Por si acaso os ha picado la curiosidad por la película "Pranzo di Ferragosto", aquí va el trailer.



16 de junio de 2014

Ginos, la franquicia de la pasta y la pizza


Dentro de la variada cocina internacional, la gastronomía italiana es de las más valoradas y extendidas en España. Esa es la propuesta de Ginos que, en un ambiente informal y decorado con paisajes e iconos de Italia, presenta una propuesta con los platos típicos del país transalpino.


Ginos es la marca italiana más popular del importante Grupo Vips. Una franquicia que se encuentra repartida por toda la geografía ibérica y que, solo en Madrid, tiene unos 40 restaurantes.

Con una carta poco original, Ginos presenta los platos que se esperan de cualquier restaurante italiano pensados y preparados al gusto de los españoles. Nombres, eso sí, todos ellos en su lengua materna para darles el toque italiano que, a veces, falta en los propios productos. La carta ha sido renovada en los últimos meses pero poco se diferencia de la anterior, excepto en un par de platos que se han “reinventado” y en la grafía.

Los entrantes son correctos y destacan la bruschetta y el provolone al forno, además de las cinco ensaladas. Demasiado flojos para un restaurante que se considera italiano son los risotti, aunque sí merecen la pena los canelones y las lasañas, de lo mejor de Ginos.

Uno de los principales aciertos de su carta es la inclusión de la pasta “a modo tuo”, donde es el cliente el que elige el tipo de pasta que quiere (de grano duro, fresca o rellena) y la salsa (22 recetas distintas, como carbonara, bolognesa o   frutti di mare).

Algo parecido ocurre con las pizzas, buenas en líneas generales, de las que se puede escoger entre las especialidades del chef, las clásicas o al gusto del consumidor, que elige tres ingredientes sobre una base tradicional. Siguen faltando las pizzas blancas, esas que no llevan tomate, muy consumidas en Italia y poco conocidas en España.

Poco reseñables son las alternativas a la pasta y la pizza, que se limitan a cinco platos de carne y pescado. Tampoco lo es la carta de vinos, donde abundan los caldos españoles y los italianos quedan casi reducidos al habitual lambrusco.

Los postres son el principal punto débil de Ginos, que no aprovecha la tradición de dulces de la cocina italiana, con un tiramisú y unos profiteroles que no convencen y unos helados claramente industriales. Sí se disfruta del café, la mejor forma de terminar una comida que quiere llamarse italiana. 


Dirección: Gran Vía, 43 y varias direcciones. No cierra. Tarjetas: todas.
Precio Medio: 20€                Menú de mediodía: 11,95€
Calificación: 6

2 de octubre de 2013

Begoña Tormo: “Me considero una cronista gastronómica que cuenta lo que hay”

Fue la cara de las mañanas de Telemadrid durante 10 años y ahora se dedica a su gran pasión: la gastronomía. Begoña Tormo (Madrid, 1969) habla con sinceridad de su trayectoria y de los ingredientes para “cocinar” el periodismo.

Begoña Tormo | Foto: Canal Cocina
¿Por qué eligió el periodismo? ¿Era su vocación?
En realidad, estudié Publicidad y Relaciones Públicas, pero me surgió la oportunidad de hacer unas prácticas en Radio Nacional deEspaña (RNE) y ya me fui por el lado del periodismo.

¿Por qué cree que la radio está en los inicios de casi todos los periodistas?
En mi caso, fue pura casualidad. Pero la radio es un medio que enseña mucho. Allí haces de todo, un poco “hombre orquesta” y esto está muy bien para aprender.

Después de su paso por RNE, trabajó en varios programas de Televisión Española (TVE), como “Empléate a fondo” o “A pedir de boca”.
Primero hice “A pedir de boca”. Lo recuerdo como una experiencia maravillosa, aprendí mucho. Era una serie documental dirigida por Rafael Romero sobre productos de alimentación con Denominación de Origen que se hacía con los muchos medios que tenía antes TVE. Lo recuerdo como una etapa fantástica y fue mi primer contacto con el periodismo gastronómico.

En Telemadrid, fue una de las caras más conocidas al presentar “Buenos días, Madrid”.
Estuve presentando 10 años el programa matinal de la cadena. Cuando me quitaron de presentar, me dejaron elegir, afortunadamente, y estuve haciendo gastronomía, que era lo que más me gustaba.

Un programa que ganó en 2004 el Premio de la Academia de la Televisión y Radio a Mejor Informativo Autonómico en 2004. ¿Cuáles fueron las claves de su éxito?
La cercanía, sobre todo. A nosotros nos preocupaba más si se rompía una cañería en una plaza madrileña que algo que estuviera pasando en Iraq, por mucha más noticia que fuera. Además, hacíamos muchísimas conexiones en directo con lo que pasaba en la calle.

En un informativo al uso, no suele tener cabida la gastronomía…
Hay un poquito. Yo conozco a muchos compañeros que cubren información gastronómica, pero no se dedican exclusivamente a eso. Están normalmente en sociedad o en cultura y les encargan piezas cuando hay eventos gastronómicos importantes, pero no lo hacen diariamente.

Pero en “Buenos días, Madrid” sí había gastronomía y usted fue la encargada de la sección. ¿Por qué lo eligió?
Porque me gustaba. La gastronomía me ha apasionado siempre, me encanta comer y me gusta mucho cocinar. Es un contenido que interesa, que nunca se agota, siempre hay algo interesante que contar y a la gente le engancha. Es una cosa que pone de acuerdo a un montón de gente que se dedica a cosas distintas.

Salió de Telemadrid con el ERE y ahora forma parte del proyecto de TMEX.
Sí, me echaron con el ERE. TMEX es algo abierto, un proyecto en el que cualquier ex trabajador de Telemadrid tiene opción de hacer allí lo que le apetezca. Si veo un reportaje, puedo llamar y decir “necesito un compañero cámara y otro de producción”, o al revés.

¿Queda algo de esa Telemadrid que fue referencia hace algunos años?
En Telemadrid, ya no se hace el periodismo que se merecen los madrileños. Me da mucha pena decirlo así, pero no queda nada. Se han cargado el espíritu y lo que hizo grande a la cadena. Si algo ha tenido Telemadrid, es que ha sido un inventor de formatos: “Madrileños por el mundo”, “Madrid directo” o “Buenos días, Madrid”, programas que se han gestado aquí y que otras televisiones han copiado. 

Durante la época en la que trabajó en Telemadrid, también dirigió la revista gastronómica "Restauradores”.
Estuve muy poco tiempo. Era un proyecto que venía de años atrás, la decana de las revistas de gastronomía en España. Manuel Quintanero, el entonces propietario, me lo propuso y acepté. Nunca había hecho prensa y lo disfruté mucho.

¿Le gustaría seguir haciendo prensa?
Sí, hago colaboraciones, por ejemplo con Cocina Futuro, una revista de una factura espectacular, y con otros medios escritos. Pero siempre es más relajado, no una cosa diaria.

Ahora está preparando un programa para el Canal Cocina que se llama “Hoy cocina el alcalde” y que se estrena el próximo 9 de mayo.
La caravana de Canal Cocina | Foto: Begoña Tormo
La idea no es mía, es de Mandi Ciriza, la directora del Canal Cocina, que me llamó y me dijo “Tengo un proyecto que te va fenomenal”. Cuando me lo explicó, me pareció un caramelo… Nos desplazamos a todas las ciudades y pueblos de España que podemos y que tengan un patrimonio gastronómico que contar. Primero hacemos un recorrido con el alcalde, que hace de cicerone, y luego le ponemos en la tesitura de cocinar. Suele ser en sitios muy emblemáticos: el primero, por ejemplo, lo hemos grabado en Burgos y lo hemos hecho a los pies de la catedral. 

¿Dejaría la gastronomía por algún otro campo del periodismo?
Siempre que pudiera elegir, me quedaría en la gastronomía. Los contenidos son amables, gustan a todo el mundo y no suelen ser polémicos. No me considero crítica gastronómica, sino más bien cronista que contaba lo que había para que la gente eligiera. Contaba cómo era el restaurante, la materia prima y hablaba del producto, pero nunca he dicho si me parecía bueno o malo. El periodista tiene que dar información para que la gente se forme su opinión. Lo digo muy a gala: yo jamás me he cobrado un favor, ni he dado una opinión vendida.

Ha sido jurado en varios concursos de cocina. ¿Cómo se siente en ese rol?
Muy responsable porque es muy fácil juzgar pero detrás hay mucho trabajo. Hace poco, estuve de jurado en un concurso de tapas y me dieron a probar una que, lo siento, me pareció espantosa. Me preguntaron y lo dije. Carlos Maribona estaba a mi lado y me miró como diciendo “qué poco tacto tienes”, pero prefiero ser sincera.

¿Cree que un periodista gastronómico tiene que saber cocinar?
No necesariamente pero sí tiene que valorar cuáles son los retos. Los periodistas si no saben cocinar, sí deben conocer el producto, eso es básico, y saber cómo se hace.

¿Cuáles son los ingredientes para ser un buen periodista gastronómico?
El gusto, la curiosidad, el dejar a un lado los prejuicios y manías a la hora de comer. Hay cosas que me gustan más o menos, que yo no elegiría o que no las compraría para hacer en mi casa, pero siempre como todo y lo valoro. El periodista gastronómico tiene la obligación de estar abierto.

¿Se desconecta alguna vez?
No se desconecta, pero no hace falta. En mi tiempo libre, leo libros de cocina o veo programas gastronómicos. Lo bueno es que parte de tu trabajo es una afición. 

6 de junio de 2013

Un taller gastronómico para los cinco sentidos

PacoRonceroTaller es el lugar en el que el famoso cocinero experimenta con los platos y trata de transmitir sensaciones y sentimientos. Un lugar en el que se demuestra que comer puede ser mucho más que alimentarse.  

Paco Roncero
Aceite, producto fetiche de P.Roncero
Un taller es, por definición, un sitio en el que se trabaja con las manos y Paco Roncero, cual artesano y, por qué no, artista, usa el suyo para explorar y explotar los elementos a su alcance. Los platos se mezclan con los videos, los olores y las luces en perfecta armonía, en un espacio donde el aceite de oliva, producto fetiche del chef, cuenta con un lugar de honor.

Como explica Nicolás Bejarano, encargado del Taller creativo, solo ocho comensales cada día tienen la oportunidad de probar los 25 platos del menú y de compartir mesa con un anfitrión de lujo: Paco Roncero. Pero es el propio cocinero quien, en una fugaz aparición, recuerda que el verdadero objetivo del Taller es “investigar y crear experiencias multisensoriales”.

Fotograma del vídeo de la liebre
Sentimientos y emociones que van desde la nostalgia, con un plato de chocolate con foie que recuerda a un conocido dulce infantil, pasando por la alegría de pasear por la playa o la tranquilidad del campo, hasta la culpabilidad, que se logra proyectando el vídeo de una liebre a la vez que se degusta un caldo preparado con este animal.


En definitiva, un lugar único en el que la gastronomía converge, gracias a las nuevas tecnologías, con las sensaciones pero que quizá es, eso sí, un poco inalcanzable. 

19 de abril de 2013

Una Feria solo apta para gourmets

La XXVII edición del Salón de Gourmets ha reunido a lo más granado del sector de la alimentación en España. Una cita obligada a Madrid para cualquier gastrónomo.


Mide poco más de 1,20 m pero ya recorre los pasillos de IFEMA como un profesional del sector. Hoy su clase ha salido del aula y una gran pirámide nutricional le da la bienvenida: va a conocer los fundamentos de la alimentación saludable. Es uno más de los casi 4.500 escolares que han visitado el llamado Taller de los Sentidos Gourmets, una iniciativa a través de la cual los más pequeños han aprendido sobre aceite de oliva, pan, quesos, carnes y pescados.
  
Pero en esta Feria Internacional de Alimentos y Bebidas de Calidad ha habido sitio para mucho más. Desde el 8 al 11 de abril, tres pabellones del recinto ferial de Madrid han acogido a casi 1.200 expositores y sus 30.000 productos que han recibido las visitas de más de 78.000 profesionales. Cifras de escándalo para la mayor feria europea dedicada al producto delicatesen.

Durante estos cuatro días de feria, se han presentado alrededor de 1.000 productos nuevos, esos que han empezado a comercializarse a partir de marzo de 2012. Productos que, en realidad, ofrecen pocas novedades con respecto a años anteriores. Entre ellos, han destacado la curiosa cerveza de níspero de Frutaltea,  el fiambre de lamprea del pontevedrés Obrador de Lamprea, las flores comestibles cristalizadas con azafrán ecológico de La Carrasca, que han recibido el Premio a la Innovación, y las escamas de sal con algas de Porto Muiños, que se han llevado el Galardón a la Versatilidad.

Pero en el Salón del Gourmet hay de todo y para todos los gustos. El queso ha sido uno de los productos que no ha faltado a la cita, con stands de empresas queseras y zonas exclusivas  dedicadas a este alimento, que lo han convertido, sin duda, en uno de los protagonistas. Desde el puesto de Suiza, en el que se han podido catar la gran variedad que ofrece este país, pasando por el famoso y madrileño Campo Real, o la ya imprescindible Torta del Casar. Un año más, el GourmetQuesos, donde se han degustado hasta 50 tipos diferentes, ha sido el punto de encuentro para los amantes de este producto y el mejor escaparate de maestros queseros procedentes de toda la geografía española.

No menos importante en esta Feria son el vino y el jamón. El primero ha tenido su espacio en el Rincón del Vino, una visita obligada para, copa en mano, degustar una selección de los mejores caldos de España. El segundo ha contado con el ya habitual Concurso de Cortadores de Jamón, una prueba en la que se han valorado la velocidad, la limpieza o la creatividad.

Pero si hay un producto que está ganando terreno cada año es el salmón. La novedad de esta edición ha sido el Campeonato de España de Tapas para Gourmets, una iniciativa de Norge (Consejo de Productos del Mar de Noruega). Esta empresa también ha contado con un taller en el que se han podido apreciar los productos típicos de este país europeo y una escuela de sushi para niños.

Hay stands que destacan por la originalidad de sus productos y productos que llaman la atención por su stand. En el primer caso, se encuentran las piruletas de chocolate, una llamativa vuelta de tuerca a este dulce producto. Del segundo, el puesto de Sweet&Go, el más colorido de toda la Feria y en el que el visitante se pierde entre golosinas, palomitas y azúcar.  
Como se observa en cualquier supermercado, ganan terreno los productos preparados, una tendencia que se ha mantenido en el Salón del Gourmet. Salsa de calamar, verde o de algas de Nortindal; croquetas, callos o bacalao al pil-pil de Ameztoi; chocolates a la taza de Gorrotxategi; o caldos de Aneto, son algunas de las propuestas que se han podido degustar. También son interesantes los productos de Santa Rita, harinas que van más allá de lo tradicional, como la de castaña, la de semilla de sésamo o la tempura oriental.

No ha fallado, como es habitual en los últimos años, el café. Nespresso, patrocinador de la Feria y principal abanderado de la moda de mantenerlo en cápsulas, ha convocado master clases con reputados chefs, como Paco Roncero, y degustaciones de recetas y maridajes. Otro producto que no pasa de moda es el gin tonic y se buscan nuevas formas de consumirlo. Así ocurre, por ejemplo, con los “Tea Tonic” de Tealand, infusiones pensadas para darle un toque diferente a la bebida tradicional de ginebra con tónica.

Si por algo se caracteriza esta Feria, es por demostrar que cualquier alimento es susceptible de considerarse como delicatessen. Frutas y verduras son protagonistas de varios stands, como las chirimoyas del Consejo Regulador de Chirimoya de Granada y Málaga, los espárragos de los Hermanos Golbano o las picotas del Jerte.

En esta XXVII edición, destacan los stands de las comunidades autónomas, en los que agrupan a algunos de sus productores. Un total de 1.888 expositores distribuidos en 17 espacios distintos, donde los más grandes han sido los de Castilla y León y su “Tierra de Sabor”(con 166 expositores), seguido de Andalucía (122), Madrid (87), Galicia (56) y Comunidad Valenciana (43). Menor ha sido la presencia internacional, que ha estado representada por las ya citadas Suiza y Noruega, y otros países como Francia, Indonesia, Países Bajos o Portugal.

En el Salón, además de catar, se ha podido asistir a diferentes concursos, como el de preparación de cócteles de orujo o el de abridores de ostras. Pero una de las propuestas más interesantes ha llegado de la mano de la librería gastronómica A Punto y sus “show cooking”. Por los fogones han pasado renombrados chefs de la talla de Pedro Larumbe o Andrea Tumbarello, que han cocinado y compartido sus trucos.

Un Salón de Gourmets que también es solidario y donde el Banco de Alimentos ha tenido, por cuarto año consecutivo, su espacio. En él, esta organización sin ánimo de lucro ha recogido alrededor de 4.500 kilos de comida donada por los expositores.

21 de marzo de 2013

La cocina, ya no tan secreta, del Vaticano


El Vaticano es el estado más pequeño y menos poblado del mundo, y también uno de los más desconocidos. Su cocina, caracterizada por la variedad y la complejidad, está basada en la gastronomía italiana aunque enriquecida por los gustos y orígenes de los papas, y por las modas de cada momento.  


Hace unos días, los ojos de millones de personas se posaron en la Plaza de San Pedro y en la chimenea más famosa del mundo. La fumata blanca indicaba que el catolicismo tenía nuevo pontífice y  Roma nuevo obispo. Pero, ¿qué comerá el papa Francisco? ¿Qué han comido sus antecesores?

La escritora y periodista Eva Celada habla de ello en “Los secretos de la cocina del Vaticano”. Un libro que, en palabras de su autora, es el “más laborioso y complejo” que ha realizado y donde el secretismo de la Santa Sede ante asuntos que considera “de índole privado” no ha ayudado. Este recorrido de casi 300 páginas a través de la gastronomía vaticana comienza con el menú de la mismísima Última Cena de Jesús y termina con los platos que se prepararon para la Coronación de Benedicto XVI.

Los dos primeros capítulos se centran en la gastronomía vaticana en la Edad Media (desde el inicio del Cristianismo hasta el siglo XIII) y durante el Renacimiento (un episodio que abarca hasta el siglo XIX y excede, en mucho, los años que duró este movimiento). Demasiada cantidad y variedad de información que se mezcla en un conglomerado de fechas, papas, lugares (no solo cuenta lo que ocurre dentro de las murallas vaticanas) y productos que provoca que el lector se pierda entre tantos datos.  

Un apartado especial merece la confitería del Vaticano, considerada una de las mejores del mundo. En este capítulo se pueden descubrir las “dulces debilidades” de algunos papas, como la focaccia di mandorla (tarta tradicional italiana) que encantaba a Juan XXIII o el dulce de leche que solía tomar Juan Pablo II.

El libro continúa con un repaso a los gustos culinarios de todos los papas desde comienzos del siglo XX. Gustos marcados, como recalca Celada, por las experiencias y la personalidad de los propios pontífices. Se centra la escritora en las figuras de Juan Pablo II y Benedicto XVI, los dos últimos papas (a fecha de 2006, momento en el que se publicó el libro), y hace un repaso no solo por lo que se come durante sus pontificados, sino también por el protocolo, el supermercado vaticano o las cocinas del personal.

Uno de los puntos fuertes del libro es la inclusión de un centenar de recetas que se han comido en el Vaticano a lo largo de la historia. Recetas, eso sí, que a veces están un poco alejadas del común de los mortales, como ocurre con el “esturión con pétalos de rosa al gusto del papa Dámaso”, el “pavo real de Coronación” (pavos reales vestidos con sus plumas), o el “mousse de faisán”.

Un libro aderezado con gran cantidad de fotografías de platos, cuadros o grabados que, en la gran mayoría de las ocasiones, carecen de pie de foto y su información no va más allá de un pequeño extracto de lo que se cuenta en el libro. 

En definitiva, “Los secretos de la cocina del Vaticano” es un curioso viaje a ese estado tan conocido y desconocido a la vez, tan italiano y tan internacional, y en el que en muy contadas ocasiones se pueden entrar, como se suele decir, “hasta la cocina”. 


7 de marzo de 2013

Tres recetas para cocinar el mismo plato: comunicar gastronomía


Las calles del madrileño barrio de Chueca esconden un pequeño tesoro para los amantes de la gastronomía: la Librería "A Punto". Un "centro cultural del gusto", como lo definen sus creadores, donde, además de comprar libros y recetarios, se puede aprender a cocinar y hacer catas de diferentes productos. 


"A Punto" abrió sus puertas como cada sábado, pero el 2 de marzo era un día especial. Alrededor de la vitrocerámica, unas 25 banquetas, todas ellas ocupadas: a un lado, los invitados (Alessia Cisternino, Edy Costero y Rafa Prades); al otro, una veintena de alumnos que esperaban impacientes. Mientras, llegaba el olor de la planta baja, donde se estaba realizando un taller de cocina. El escenario se completaba con la colección de cartas de restaurantes de la periodista Ana Lorente y los utensilios habituales de cualquier cocina. 


El sitio invitaba a hablar de comida e, incluso, a hacerla. Pero la visita del sábado pasado no se centró en la propia gastronomía, sino en comunicar gastronomía: tres maneras distintas, que comparten un mismo objetivo.

Alessia Cisternino es periodista freelance de gastronomía y colabora en medios como "Neo 2", "Gastroeconomy", "Identità Golose" o "Gambero Rosso"; una andadura que comenzó en el Curso de Experto en Periodismo Gastronómico y Nutricional después de llegar de su Italia natal. Edy Costero también fue alumno del Curso y actualmente es periodista freelance para “Gastroexperience”. Más llamativo es el caso de Rafa Prades, un ingeniero de Indra que dedica su tiempo libre a la gastronomía. 

Costero, Prades y Cisternino comparten su pasión por el mundo gastronómico y lo plasman en sus blogs. Pero más allá de coincidir en la plataforma, lo cierto es que sus páginas son muy diferentes entre sí. 

Prades pone los "cinco sentidos" en su blog, donde publica las crónicas sobre los restaurantes o eventos que visita con total libertad porque es su propio editor. No se siente crítico gastronómico y cuenta que sus entradas son, en general, positivas porque "no voy a desprestigiar a nadie, me crea cargo de conciencia".

Para Costero, lo más importante de los blogs es "ser uno mismo" y hablar de lo que se considera importante, sin que nadie condicione el tema sobre el que escribir. El mejor ejemplo es su página, donde comparte sus experiencias por todo el mundo, como lleva haciendo años con sus amigos y conocidos. 

La "nevera" de Cisternino es su curriculum virtual y su carta de presentación, un lugar en el que reúne todas las colaboraciones que hace con diferentes medios.  A diferencia de Costero y Prades, los temas que trata Cisternino están completamente pegados a la actualidad y deben ser noticiables, aunque reconoce que "lo noticiable cambia en función de la cabecera". 

Dos horas de charla distendida en las que los tres compartieron sus medios, páginas web, blogs y firmas gastronómicas de referencia, y que terminaron con las fotografías de rigor. En resumen, tres maneras distintas de "cocinar" la información para comunicar gastronomía.


A.Cisternino, R.Prades y E.Costero con los alumnos
del IV Curso de Periodismo Gastronómico y Nutricional

8 de febrero de 2013

El tiramisú es el protagonista de la Jornada Internacional de la Cocina Italiana

Cientos de cocineros de todo el mundo han seguido la misma receta para preparar el famoso postre que se ha convertido, por un día, en el símbolo de la auténtica cocina italiana.

Cartel del VI Día Internacional de la Cocina Italiana

Por sexto año consecutivo, el 17 de enero se ha celebrado el Día Internacional de la Cocina Italiana. El plato elegido para esta edición ha sido el tiramisú, el postre italiano por excelencia. Desde China hasta Argentina, pasando por España o Italia, miles de cocineros y amantes de la comida italiana han preparado este plato siguiendo la receta tradicional.

En declaraciones al diario La Repubblica, Rosario Scarpato, director de la iniciativa, ha afirmado que esta jornada debe ser un escaparate de la auténtica cocina de su país  contra lo que él considera una “falsificación de los platos y los productos”. Por esta razón, el plato elegido ha sido el tiramisú, un postre del que se pueden encontrar muchas variantes que, según los organizadores, nada tienen que ver con el original. Además, Scarpato ha señalado que el día puede servir para “mantener la competitividad de Italia en los mercados internacionales”, algo que considera fundamental en tiempo de crisis. 

La jornada se ha cerrado en Nueva York con la entrega de los “Italian Cuisine Worldwide Awards”, los Oscar de la gastronomía italiana, que premian a aquellos que han contribuido a la difusión de la cocina y la cultura del vino italianas. Unos galardones que este año han recaído en el chef Giorgio Nava, el fotógrafo Alexander Averin, la gastrónoma Tara Tan Kitaoka y el empresario Piero Selvaggio.

El Día Internacional de la Comida Italiana, que se celebra desde 2008, está promovido y coordinado por el Gruppo Virtuale di Cuochi Italiani (GVCI). Esta red está formada por más de 1.900 profesionales que trabajan en 70 países y aglutina cocineros, restauradores, sumilleres, empresarios del sector de la alimentación y periodistas.